A PROPÓSITO DE LA REFORMA DE LA LEY DEL ABORTO

El Foro “Curas de Madrid”, a propósito del debate social sobre la reforma de la ley del aborto y queriendo mantenernos cercanos ante las situaciones que está viviendo la gente de nuestros barrios, hacemos pública nuestra lectura de la realidad.

Algunos rasgos de esta situación:

Somos conscientes de que en la mentalidad actual se ha banalizado el mundo de la sexualidad, en particular las prácticas abortivas, consideradas incluso en ocasiones como un mero trámite de intervención quirúrgica sin mayores responsabilidades. La falta de una educación adecuada tanto en la familia y en la escuela como en otros ámbitos sociales es una de las causas determinantes de esta situación.

A pesar de todo, generalmente las gentes de nuestros barrios valoran la vida. ¿Cuáles son entonces las causas que les conducen a tomar decisiones de este tipo?

No pretendemos sistematizarlas, pero todos conocemos familias que se ven obligadas, por las precarias condiciones laborales, a escoger entre mantener su trabajo y renunciar a tener un hijo o tener el hijo a costa de perder su puesto de trabajo, ya que en demasiadas ocasiones se hace muy difícil la conciliación de la vida familiar y laboral.

Conocemos asimismo mujeres que han de asumir toda la responsabilidad de la crianza y educación de los hijos a una edad en que no están preparadas para ello y sin el apoyo que necesitarían.

Por otra parte, vemos que en la realidad social actual se da una práctica generalizada del aborto en clínicas privadas, como consecuencia de la Ley del Aborto vigente. Esto lo convierte en más difícil y peligroso para las familias que disponen de menos recursos económicos.

Ante esta situación, manifestamos:

1. Como cristianos, estamos a favor de la vida, de toda vida: la del prenacido y la de los nacidos. El derecho a la vida es el origen y fundamento de cualquier otro. Creemos por tanto que el aborto , es decir, la eliminación de un ser humano antes de nacer, no puede ser considerado un derecho ya que nadie está legitimado para eliminar una vida humana.

2. En cuanto a la legitimidad del Estado para legislar sobre estas cuestiones pensamos:

- Que la sociedad y aquéllos a quienes delega para su gobierno necesitan un ordenamiento jurídico que regule este tema de interés común.

- Que el ordenamiento jurídico debe establecerlo el Estado tomando como base un estudio antropológico, ético-filosófico y jurídico-político, que parta del supuesto universal de la dignidad humana y de sus derechos y obligaciones.

- Que se debe seguir un proceso de diálogo y debate para llegar al mayor consenso democrático posible y articular la convivencia entre grupos cuyas orientaciones morales o convicciones científicas o filosóficas sobre el comienzo de la vida humana son de hecho diferentes.

3. Por otra parte, al considerar la realidad propia del aborto, debemos tener en cuenta las distintas posturas de científicos y moralistas, también católicos, sobre cuándo se puede considerar que nos hallamos ante una vida propiamente humana. Es un campo importante en el que debemos ser muy prudentes y a la vez continuar investigando, para mejor servir así a la comunidad cristiana y a toda la sociedad.

 

4. Consideramos asimismo que la penalización que pueda establecer la ley para los casos en que sea transgredida deberá tener en cuenta las circunstancias que influyen en la decisión de abortar de unas personas agobiadas con frecuencia por precarias condiciones de vida y de trabajo. Se deberá también evitar que el temor a la sanción conduzca a la opción del aborto clandestino. Lo deseable sería que no se tuviera que practicar ningún aborto, pero si, por las razones que sean, una mujer decide interrumpir su embarazo, no es bueno que lo haga en condiciones de inseguridad.

5. En cuanto al acompañamiento pastoral de las personas que pasan por estas situaciones, creemos que hemos de mostrarnos comprensivos para ayudarlas a que puedan recuperarse de experiencias que son traumáticas para todos. Recordamos la norma pastoral de “condenar el pecado pero no al pecador” y pensamos que hay que acompañar a estas personas antes y después de tomar este tipo de decisiones, exponiéndoles lo que dicen las orientaciones de la moral cristiana, pero no condenándolas con facilidad.

Tratándose, en casos concretos y conflictivos, de un tema complejo y controvertido, habría que proceder con mucha cautela a la hora de juzgar y preferir un juicio personal de comprensión y de misericordia a otro de fácil y dura condena. Recordemos las palabras de Jesucristo: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de Él” (Jn 3,17).

6. Proponemos finalmente, que todos los cristianos demos el mismo apoyo que se presta a las campañas contra el aborto a otras acciones que defienden la vida, tan maltratada de muchas maneras, en situaciones de guerra, hambre, marginación... Como discípulos de Jesús, “toda vida nos importa”; los católicos debemos plantear y apoyar con el mismo entusiasmo todas las acciones en favor de la vida.

7. Que el Espíritu fortalezca la fe de los que creemos en Jesucristo de modo que hagamos presente en nuestro mundo al Dios de la vida.