COMUNICADO DEL FORO DE CURAS DE MADRID SOBRE LA GUERRA EN EL CONGO

Como sacerdotes integrantes del Foro de Curas de Madrid nos sentimos con el deber imperioso desde la justicia y desde la solidaridad de posicionarnos ante la tragedia que están sufriendo los pueblos del Este de la República Democrática del Congo, en la región de los Kivus, como consecuencia del recrudecimiento brutal de una guerra que dura más de diez años.

Nos sentimos muy cerca de este pueblo sufriente y nos duele profundamente y nos indigna ese “genocidio silencioso”, como lo han llamado los obispos del país: las masacres a gran escala de la población civil, el exterminio selectivo de los jóvenes, las violaciones sistemáticas de mujeres y niñas llevadas a cabo como arma de guerra, los pueblos enteros diezmados, quemados y sus poblaciones obligadas a huir, centenares de miles de desplazados, numerosos niños enrolados a la fuerza en las milicias como niños soldados…

Pero ¿qué guerra es esta? Para algunos todo son preguntas sin respuestas. Para nosotros, dentro de la complejidad de la situación, en el transcurso de las últimas semanas han ido quedando claras bastantes cosas . Y las queremos compartir con vosotros:

1.-Que esta feroz guerra está movida por los intereses económicos de grandes empresas multinacionales cuyos nombres y los de los países que les apoyan son ya hoy totalmente conocidos y del dominio público (EE. UU., Gran Bretaña, Bélgica, Holanda…).

2.- Que estas empresas se vienen enriqueciendo de manera ilegal desde hace muchos años con la explotación y el comercio de las enormes riquezas minerales de estas zonas del Congo: oro, cobalto, cobre, estaño (casiterita), diamantes, wolframita, uranio… y en especial COLTÁN.

3.- Que este coltán es el mineral indispensable para la fabricación de nuestros móviles, ordenadores portátiles, consolas de juegos, naces aeroespaciales…para todo lo que funcione a partir de condensadores. Y que allá en los Kivus se encuentra el 80% de las reservas mundiales de este mineral fundamental para toda la tecnología moderna.

4.- Que mientras estas empresas y los países que las respaldan se enriquecen más y más las población congoleña malvive en la más absoluta pobreza con menos de 1 dólar diario, y sufriendo las crueles consecuencias de una larga guerra, que en los diez años que viene durando ha producido más de 5 millones de muertos.

5.- Que el señor de la guerra Laurent Nkunda, tutsi congoleño, criminal de guerra, sobre el que pesa un mandato internacional de arresto, acusado de crímenes contra la humanidad, es el que lleva adelante los combates y siembra el terror y la muerte por la acción militar de sus tropas, las cuales están desplegadas y vienen operando precisamente en las zonas donde se concentran las principales minas de coltán, minas que él controla y coltán con el que negocia y se enriquece.

6.- Hoy ya es del dominio público, y así ha sido denunciado incluso en el último informe de los expertos de la ONU, que el gobierno de Ruanda apoya a las tropas de Nkunda, las arma y las refuerza, incluso con varios miles de soldados del mismo ejército ruandés. Precisamente ante tal evidencia los gobiernos de Suecia, Noruega y Holanda han retirado sus ayudas económicas al gobierno de Paul Kagame, presidente de Ruanda, mientras la UE, en cambio, incomprensiblemente las mantiene y las refuerza.

7.- Que las razones para hacer la guerra dadas oficialmente por Nkunda y ratificadas por el gobierno de Ruanda de combatir a los hutus ruandeses, presumibles autores del genocidio tutsi de 1994, son una patraña y una burda excusa, demostrado por sus mismas declaraciones. No hay más razones para hacer la guerra que la de seguir apropiándose de las riquezas mineras de la región del Kivu por cuenta de los hombres de negocios ruandeses, que están en estrecha relación con las compañías multinacionales occidentales, anglosajonas, belgas, alemanas, holandesas, suizas… Y más en el fondo el intento de forzar al gobierno de Kinshasa, salido de las urnas, a sentarse a negociar ¿qué? No otra cosa que la cesión de los Kivus a Ruanda, rectificando para ello las fronteras actuales. Es lo que vienen denunciando los obispos congoleños como el intento de balcanización del Congo.

8.- También hemos sabido que ese Gobierno Congoleño, abandonado por occidente a su propia suerte y presionado por todas partes como si no se tratara de un gobierno democrático y apoyado mayoritariamente por su pueblo, demostrando sus deseos de paz, se ha sentado en Nairobi, capital de Kenia, a dialogar con Nkunda. La fuerza de las urnas frente a la fuerza de las armas. Ambos han acordado un alto el fuego, pero Nkunda lo rompe cuando le parece mejor y se ha levantado de la mesa de negociación planteando peticiones exageradas y maximalistas, como una maniobra clara de distracción para seguir mientras tanto ampliando sus zonas de influencia y dominio por la violencia de sus tropas.

9.- Con Todo esto quedan claros los eslabones de esa feroz cadena de la explotación ilegal del coltán congoleño: lº Empiezan el comercio las milicias rebeldes que operan en los Kivus, la más fuerte de ellas el ejército de Nkunda. 2º Lo adquiere el Gobierno de Ruanda (gran exportador de coltán, sin que lo haya en su territorio) y otros negociadores ruandeses. 3º Y termina llegando a las Empresas multinacionales, principalmente norteamericanas y europeas… y a sus gobiernos respectivos, que apoyan el negocio de sus empresas y se enriquecen ellos mismos.

10.- Así se explica el injustificable comportamiento de la comunidad internacional ante esta guerra catastrófica: la ONU, con su Consejo de Seguridad, y la Unión Europea. Por un lado se dicen preocupados por la catástrofe humanitaria, pero por otro silencian el nombre y los motivos reales y las causas profundas de esta guerra, atentos más a salvaguardar sus intereses económicos y políticos que a poner los medios eficaces para pararla. Por eso la orden jesuítica ha llegado a “acusar a la comunidad internacional de querer que la guerra se mantenga y se prolongue en el tiempo”, añadiendo que “si lo quisiera realmente la guerra en la República Democrática del Congo (RDC) terminaría en pocos días”.

11.- Y es verdad que la ONU está manteniendo en el Congo una fuerza de paz de 17.000 cascos azules, la MONUC, la mayor en todo el mundo. Pero el pueblo congoleño, testigo diario de su funcionamiento, desconfía totalmente de su trabajo hasta salir masivamente a la calle pidiendo que se vayan: no saben ni , al parecer, quieren defender a la población civil. Por eso innumerables ONGs de Europa, unidas a los congoleños y a sus obispos, han pedido que sea la UE la que envíe una fuerza de disuasión para detener la guerra. Pero los gobiernos europeos debaten y debaten y al final deciden que no la enviarán. ¿Por qué?

12.- Una última claridad: ¿A quiénes tienen enfrente las tropas de Laurent Nkunda? Al ejército congoleño, las FARDC. Que es como decir que enfrente no hay NADA. ¿Qué ejército es este? Formado por una mezcla de milicias enemigas en conflictos anteriores, pero sin verdadera reconversión posterior, muy mal preparado y pésimamente equipado, mal pagado o simplemente no pagado, mandado por jefes, en muchos casos, corruptos e incluso claramente favorables a la causa de Nkunda y vendidos a él… sus soldados están condenados a la miseria, al pillaje y a los abusos contra la población civil, cuya protección deberían garantizar. Es algo que hace la guerra más desigual y más urgente esa fuerza de disuasión que impida que la catástrofe continúe y se agrave por días.

Ante todas estas claridades, sobre todo ante la prolongación del sufrimiento totalmente evitable del pueblo congoleño

D E N U N C I A M O S

1.- Las mentirosas maniobras de distracción del criminal de guerra Laurent Nkunda, que hace imposible el diálogo que él mismo exige, mientras mantiene la guerra y la amplía cada día más con el propósito de negociar en posición de fuerza.

2.- El apoyo descarado que el gobierno de Ruanda, aunque lo niegue su Presidente Paul Kagame, viene prestando a la guerra de Nkunda y sus intentos de anexionarse los Kivus, con sus ricas minas.

3.- Los comportamientos de la Comunidad Internacional de palabrería, inactividad e ineficacia, y como parte de ella al Gobierno de España.

4.- El tratamiento que los medios de comunicación vienen haciendo de todo el conflicto, porque aunque, por primera vez, en esta ocasión han hablado algo más que otras veces, siguen sin prestarle la atención, el seguimiento y el análisis que merecen la gravedad de la tragedia y la realidad de sus causas.

5.- El imperdonable silencio de nuestra Conferencia Episcopal que, faltando a su deber de solidaridad con sus hermanos obispos y con el pueblo sufriente del Congo no han hecho el más mínimo gesto de denuncia o de apoyo para con ellos.

Para acabar y como último punto de nuestra reflexión sacerdotal

P E D I M O S

1.- A la UE que se decida a enviar urgentemente esa fuerza de disuasión que detenga la guerra, dé seguridad a la población y permita a los miles de desplazados regresar en paz a sus tierras.

2.- A los organismos internacionales, FMI y BM y a la Unión Europea que retiren su ayuda económica al gobierno de Ruanda hasta que deje de apoyar a Laurent Nkunda.

3.- A la Comunidad Internacional: Que apoye al gobierno democrático del Congo en la gestión y control de sus recursos naturales, que impida el pillaje y revierta en la mejora de las condiciones de vida de su pueblo. Para lo cual haga posible la convocatoria de una Conferencia Internacional sobre la explotación de esos recursos naturales.

Que renueve su confianza en el programa Amani como marco apropiado para llegar a la Paz mediante el diálogo político, dotándole de los medios necesarios.

Que no deje impunes los crímenes de guerra y persiga y juzgue a todos los que los hayan cometido, llevándolos ante los tribunales internacionales.

4.- A nuestros obispos que sin más dilación tengan un gesto público de denuncia de esta situación y de apoyo solidario con los Obispos congoleños y con su pueblo sufriente.

5.- A nuestro pueblo y a las gentes de nuestras comunidades que nos organicemos para romper el silencio y la confusión informativas de los medios, alimentando una fuerte corriente de personas y grupos bien informados sobre las situaciones de injusticia y saqueo que viven los pueblos del África Negra, rompiendo así la cortina de silencio que los poderosos han tejido desde siempre para ejecutar mejor sus planes de enriquecimiento a costa del hambre y la muerte de los pueblos.