MINISTERIOS EN LA IGLESIA

Durante el curso 2009 – 2010 y con motivo del año sacerdotal, en el Foro de Curas de Madrid hemos reflexionado sobre nuestra condición de presbíteros.

En las siguientes líneas, presentamos algunos aspectos del trabajo realizado.

EL PRINCIPIO, NUESTRO FUNDAMENTO

Jesús quiso promover un movimiento de renovación del judaísmo.

Tras su muerte y resurrección, este movimiento se fue configurando como una comunidad nueva con organización y estructura propias. Las modalidades fueron variadas según las comunidades.

Al final del primer siglo, encontramos ya a la Iglesia con una fisonomía semejante a la actual, aunque hicieron falta dos o tres siglos más para que tomara forma consolidada el papado.

Observando el proceso descrito, diremos que Jesús inspiró la Iglesia que nacía pero no la “diseñó” definitivamente.

Las formas concretas de organización, en particular el modo de establecer servicios y ministerios, fueron consecuencia de una doble fidelidad. Por una parte, el servicio a las comunidades debía inspirarse en la persona de Jesús, lo que dijo y lo que hizo. Por otra parte, los ministerios debían responder a la situación concreta de la comunidad. Se trataba de elegir a quienes mejor pudieran servir a la comunidad con el estilo de Jesús.

Como es natural, el proceso estuvo influenciado por la cultura y la religiosidad del momento.

HOY, NOS PREOCUPA

Al trasladarnos a la realidad de hoy nos preocupa, como al Papa actual, el “carrerismo ministerial” que busca el poder y el honor antes que el servir.

También es grave el hecho, cada vez más frecuente, de que haya comunidades que no pueden celebrar la Eucaristía por falta de pastor y de que otras muchas no estén bien atendidas.

Se rodea al presbítero de un carácter sagrado que no parece acorde con el pensamiento de Jesús sobre el “templo”.

HACIA EL FUTURO, ALGUNOS PASOS A DAR

Como ministros en la Iglesia, debemos convertirnos del dominar al servir.

Como Iglesia, debemos buscar a quienes mejor puedan servir a cada comunidad, independientemente del sexo o de su condición célibe – matrimonial. Nos unimos a las voces de obispos, teólogos y comunidades cristianas, cada vez más numerosas, que piden dar pasos urgentes en este terreno.

El mundo de hoy considera de forma nueva el lugar de la mujer y el sentido de la democracia. Estimamos que en la Iglesia no estamos desarrollando adecuadamente estos valores básicos, por lo que tenemos que buscar modos de integrarlos. Parece natural, por ejemplo, que se tenga realmente en cuenta el sentir de una comunidad, parroquia o diócesis, a la hora de concretar la persona del pastor que llega a ella.

Foro de Curas de Madrid

Octubre 2010