ENCUENTRO OCTUBRE 2008

I..- DIAGNÓSTICO DE LA CRISIS ECONÓMICA

Juan Francisco Martín-Seco (economista, ex - secretario de Estado de Hacienda)

A.- CRISIS MUNDIAL

En la historia económica siempre ha habido alternancia entre momentos de auge y momentos de depresión (ver : Galbraith John K. “Breve historia de la euforia financiera”, Ed. Ariel). Un caso clásico fue la burbuja que se creó en Holanda cuando se comenzó a invertir en tulipanes en función puramente de las expectativas de beneficio, lo que fue aumentando su valor hasta un momento en que los inversores comenzaron a vender, lo que provocó el proceso inverso: cuanto más se vendía más se depreciaba y cuanto más se depreciaba, las expectativas de beneficio iban disminuyendo y por tanto todo el mundo quería vender. Ambos procesos ( de auge y depresión) se basan, no en el valor real de las cosas, sino en las expectativas de beneficio o de pérdidas que se generalizan entre los inversores; en la confianza / desconfianza y en una cierta codicia-ingenuidad de la gente que se cree más hábil que los demás para ganar dinero y en el aprovechamiento que los que tienen la buena información hacen de este estado de ánimo.

Un factor fundamental en la aparición y crecimiento de estas crisis es la desregulación de los mercados de capitales. La tesis en los comienzos del capitalismo era que “la mano invisible” del mercado corregiría los desajustes de su funcionamiento; se creía en su autorregulación. Tras el análisis de las crisis periódicas a lo largo del s.XIX y comienzos del XX se llegó a la conclusión de que no se podía confiar en que los mercados se autorregularan; que era precisa algún tipo de intervención del Estado para el buen funcionamiento de la economía. Los propios capitalistas descubrieron que sin esta intervención el proceso económico se deteriora. Se fue abandonando el dogma económico de “la mano invisible que consigue que los mercados se corrijan solos”. Después de la Gran Depresión de 1929 y la II Guerra Mundial, las teorías de Keynes, que no era socialista sino un burgués y acomodado ciudadano inglés, siguiendo en esta línea, fueron la base de organización económica de la postguerra, insistiendo en que la intervención del Estado era imprescindible para el buen funcionamiento del propio capitalismo.

Estas orientaciones se abandonaron a comienzos de los años ochenta del s. XX. La “revolución conservadora” impulsada básicamente por Reagan y Thatcher supuso una involución. Keynes desaparece del horizonte doctrinal y se vuelven a las orientaciones económicas liberales del s. XIX. Se pone en marcha un proceso de desregulación financiero, legislativo, laboral ... bajo la consigna de que “El Estado es el problema, no la solución”. Este proceso es el que ha dado lugar a una crisis similar a lo que fue la crisis del 1929.

Puestas las mismas premisas, se han desencadenado consecuencias parecidas, con el agravante de que la dimensión y complejidad de la economía mundial hoy son mucho mayores, mayor es también la complejidad de los mercados financieros y su opacidad. La diferencia con respecto a las crisis del siglo XIX es que entonces se creían realmente que la buena manera de funcionar el sistema capitalista era esa falta de regulación. En el proceso neoliberal de los últimos años del s. XX ha habido simplemente mucho de estrategia de enriquecimiento descontrolado de unas minorías, una hipocresía de las grandes corporaciones e inversores que conocían las consecuencias previsibles pero no le ha importado gran cosa, con tal de aumentar sus beneficios de manera exponencial. La prueba ha sido que, cuando han surgido problemas para ellos, han echado manos de las recetas keynesianas del Estado regulador.

La crisis última ha surgido a partir de las “hipotecas subprime” (hipotecas basura). El negocio de las entidades financieras consiste en el interés que cobran por los créditos que realizan. En los último años estas entidades han prestado mucho dinero a tipos de interés bajos, en muchos casos sin apenas garantías sobre su devolución a particulares y empresas que consideraban un negocio seguro la adquisición particularmente de propiedades inmobiliarias. Ya que la revalorización de los inmuebles era constante y alta, estos confiaban en poder vender más adelante estas propiedades con amplios beneficios .

Los bancos conocían la fragilidad de estas hipotecas, pero las titularizaban en paquetes y vendían estos en el mercado interbancario con una alta rentabilidad ya que eran muy demandadas. Una vez hecha la cadena en el mercado interbancario, en el intercambio de inversiones especulativo, el que compra estos títulos no conoce su contenido real; lo único que sabe es que le rentan más que otros productos. Por otra parte, estas operaciones de los bancos de inversión, particularmente en EE.UU., no estaban sometidos a ninguna supervisión por parte de la Reserva Federal. Se funcionaba por la confianza que inspiraba el buen nombre publicitario de las entidades y las garantías que ofrecían las agencias de calificación de inversiones.

Poco a poco fue creciendo esa “burbuja especulativa” . Mientras duró la confianza de particulares y empresas las operaciones se alimentaban entre sí, garantizadas además por las calificaciones de las Agencias de Calificación que determinaban la mayor o menor solvencia de los créditos emitidos. Pero estas Agencias eran también empresas privadas que, a su vez, dependían de las mismas grandes empresas emisoras, que las financiaban. Los bancos incluso se fiaban de estas calificaciones ya que cada comprador no podía investigar permanentemente la solvencia de cada uno de los paquetes emitidos. De esta manera se llegó a situaciones tan volátiles como que muchos títulos-basura se les había adjudicado una calificación de máxima solvencia ( AAA).

Cuando esta burbuja especulativa comienza a desinflarse se instala el proceso inverso. Nadie sabe la consistencia de los títulos que tiene ni de los que le ofrecen otros vendedores. Se instala así la desconfianza absoluta entre todos en las transacciones. Los préstamos interbancarios se paralizan debido a esta desconfianza mutua. Nadie sabe qué bancos o entidades inversoras pueden quebrar por estar más o menos expuestos a estas hipotecas-basura. No hay dinero circulante, no hay liquidez, no hay créditos tampoco para los particulares y empresas. El sistema financiero se colapsa y la actividad económica se va paralizando ya que el “riego crediticio” que le proporciona el sistema financiero se ha detenido. Incluso algunos bancos pueden no tener problemas de solvencia, al no tener títulos infectados, pero en este contexto tienen problemas de liquidez ya que un porcentaje alto de los préstamos con que trabajan los realizan en el mercado interbancario.

Estados Unidos reacciona en primer momento con el primer Plan-Busch: A pesar de su ideología neoliberal el gobierno de EE.UU, acepta intervenir en el mercado comprando títulos dañados (“activos tóxicos”) de las instituciones financieras. En cuanto a la Unión Europea, que también se ha contagiado de toda esta situación, no se encuentra preparada para reaccionar de forma unitaria, ya que, aunque en los últimos años se han integrado los mercados, no se han armonizado las normas de supervisión. Cada país, por tanto, hace lo que puede. Gran Bretaña, que ha sufrido el daño más fuerte, por su especial vinculación a la economía de EE.UU. decide directamente nacionalizar bancos, una nacionalización de pérdidas.

Son reacciones en que se pone de manifiesto, una vez más, la hipocresía de la dinámica neoliberal: mientras el mercado va bien y la economía produce beneficios, claman contra la intervención del Estado y rechazan toda regulación, “que cada uno gane lo que pueda”. Cuando el sistema económico empieza a tener problemas (problemas que ellos mismos han suscitado con sus prácticas especulativas) rápidamente acuden a papá-Estado para que se los solucione con el dinero de todos los contribuyentes. En esta situación extrema quizás no se pueda hacer otra cosa para que el sistema siga funcionando, pero había que haber intervenido antes. De esta forma tratan al conjunto de los ciudadanos como el ladrón que conduce a su víctima al borde del abismo y, una vez allí, le ofrece salvarlo pero a cambio de quedarse con su cartera.

B.- LA CRISIS EN ESPAÑA

En nuestro país la crisis se da en un contexto de debilidad económica estructural, cubierta a menudo bajo un discurso grandilocuente e ingenuo sobre “el milagro español”. Es cierto que se ha experimentado en los últimos años un crecimiento elevado, pero debido básicamente al aumento de la inmigración, que ha supuesto un crecimiento de la población, de la mano de obra barata, particularmente en el sector de la construcción. Se ha creado empleo, pero empleo precario, sin derechos. La renta “per capita” no ha crecido tanto y, además, casi todos los excedentes acumulados han beneficiado a los empresarios y las entidades financieras. La subida de los salarios en esta etapa apenas ha compensado las subidas de precios, de forma que la capacidad adquisitiva real de la gran mayoría de ciudadanos no ha crecido y para no pocos incluso ha bajado .

Ha aumentado mucho el consumo, pero en gran parte basado en el endeudamiento de las familias y de las empresas e instituciones públicas, estimuladas por las campañas de las entidades financieras y los créditos baratos. Este endeudamiento, en economía, supone que nos “hemos comido” buena parte del presupuesto de los próximos años. De hecho el déficit exterior del país en los últimos 12 años se ha situado en el 10 % del Producto Interior Bruto . Las entidades financieras españolas se han endeudado en los mercados internacionales para satisfacer las demandas de préstamos que han surgido de las familias e instituciones españolas. Mientras el dinero era abundante y barato este endeudamiento no suponía gran problema, pero en la nueva situación, aunque los bancos españoles fueran solventes en su propio capital, tienen problemas de liquidez, que les viene del colapso de los mercados internacionales. Ya que la inmensa mayoría – hasta un 90 % - de sus operaciones financieras (préstamos, créditos ... a particulares y empresas) las realizan con los préstamos interbancarios que a su vez los propios bancos demandan de estos mercados internacionales, no con sus propios recursos.

En estas circunstancias, el gobierno español ha tomado las medidas siguientes :

  1. Asegurar, hasta un máximo de 100.000 euros, los depósitos que los particulares tenemos en los bancos, para conseguir que no cunda el pánico y los depositantes no saquemos este dinero de las entidades financieras.
  2. Emitir deuda pública, hasta 50.000 millones de euros, para prestársela a las entidades financieras. Aseguran que esta medida no va a costar un euro a los contribuyentes. No es seguro, ya veremos. Si lo hacen bien y es verdad que no están dañados los activos bancarios, será así. Pero, como el mercado de capitales funciona a nivel internacional, todavía no sabemos con seguridad el grado de contaminación que puedan tener los activos bancarios de nuestro país. Y, por otra parte, la implementación de esta deuda pública depende en gran parte de las inversiones que se capten en el extranjero.
  3. Avalar, con la garantía del Estado, en una cantidad que llega hasta el 15 % del Producto Interior Bruto. a la Banca española en las emisiones que ésta haga para el exterior. Para ello hay que estar seguros de la solvencia de las entidades españolas.

Mi opinión ante esta serie de medidas que ha tomado el Gobierno es que, si todo sale bien, los contribuyentes no nos veremos perjudicados. Pero ... si todo sale bien. No es seguro. Además, posiblemente tengan que intervenir en algún banco dañado.

Conclusiones :

  1. El Mercado ha fallado rotundamente. Lo que es una “triste gracia” es que, ante este fallo del Mercado, la solución tenga que cargar sobre la gran mayoría de los ciudadanos, cuando es una pequeña minoría la que, en la época de bonanza, se ha llevado los beneficios.
  2. El problema en España se agudiza debido a carencias estructurales: como la permanencia tradicional del déficit exterior (desnivel entre importaciones y exportaciones). La consecuencia es que los precios crecen más que en otros países y por tanto perdemos competitividad. Antes este desnivel se corregía con la devaluación de la peseta, lo que permitía la recuperación económica sin realizar cambios estructurales. Pero al entrar en el Sistema Monetario Europeo con el euro como moneda única, ya no podemos recurrir a la devaluación de nuestra moneda.
  3. Como consecuencia, perdemos competitividad y nuestro déficit crece permanentemente; estamos cada vez más endeudados. Al final habrá que pagar esta deuda que va creciendo a los mercados extranjeros. Personalmente soy pesimista. Aunque en economía todo es relativo, no veo como vamos a salir con facilidad de este endeudamiento acumulado de familias, empresas y entidades públicas de nuestro país.
  4. Se hace referencia a recuperar la productividad de la economía española favoreciendo los avances tecnológicos, invirtiendo en investigación y desarrollo ( I – D ). Pero estas medidas, siendo correctas, no producen su efecto en el tejido productivo a corto plazo. Por tanto, aunque se corrija la crisis mundial, España tendrá que afrontar estos problemas estructurales que hasta ahora, con el boom de la construcción, simplemente se habían aplazado.

C.- PERSPECTIVAS DE FUTURO

De momento todo el mundo, incluso los que hasta hace unos días se presentaban como liberales convencidos, están clamando por una mayor regulación e intervención estatal. Personalmente creo que, si la situación se reconduce, volveremos al discurso neoliberal de los últimos años. La humanidad olvida pronto las experiencias vividas y vuelve a caer, por olvido o por intereses, en los mismos errores.

En todo caso, los acontecimientos que estamos viviendo ponen en evidencia, una vez más, que los argumentos sobre “la mano invisible ”, “la autorregulación de los mercados”, etc. etc. no tienen ninguna traducción práctica en la realidad, que la dinámica del mercado sin ningún tipo de control conduce, no sólo a la creación de desigualdades brutales desde el punto de vista social, sino al fracaso del mismo capitalismo. Lo que de hecho históricamente ha funcionado ha sido la economía mixta, la economía de mercado corregida con mecanismos de regulación por parte del Estado.

Queda claro igualmente que el gran argumento del “capitalismo popular”º que manejaban los teóricos neoliberales, es un cuento. Son unos pocos a la hora de la verdad los que manejan el tinglado, deciden realmente y se apropian del grueso de los beneficios. La participación de la gran mayoría se da únicamente en la socialización de las pérdidas. Que a la hora de garantizar la seguridad del cobro de las pensiones, por ejemplo, no son los fondos privados depositados en los bancos los que la garantizan mejor, sino el Estado.

Me temo, de todas formas, que la ideología dominante, que sigue siendo neoliberal, aprovechará la crisis para seguir confundiendo a la ciudadanía y difundiendo el mismo discurso de los últimos años sobre: los problemas para garantizar el cobro de las pensiones en el futuro, sobre la necesidad de las bajadas de impuestos (sobre todo el impuesto de sociedades y en general los que afectan a los que disponen de más recursos), sobre el abaratamiento del despido en las empresas, sobre la necesidad de la moderación salarial (cuando la crisis ha sido provocada no por la subida de salarios, que se han mantenido prácticamente iguales, sino por los excesivos beneficios de las entidades financieras, su falta de regulación y la especulación financiera), sobre la necesidad de bajar las cotizaciones sociales de las empresas, etc. etc. ...

DIÁLOGO

P.- ¿Cómo pueden decir los bancos que tienen problemas cuando ellos mismos han estado declarando beneficios del 30 y 40 % en los últimos años?

R.- Es cierto pero estos beneficios consolidan su solvencia, no su liquidez. Su propio capital representa una pequeña parte de todo lo que manejan. La solvencia afecta a este capital propio, que puede representar el 10 % del total de capital que manejan los bancos; la liquidez afecta al total del dinero que manejan (que toman prestado y prestan a sus clientes) y esta liquidez se complica por el contexto de desconfianza generalizado entre entidades financieras.

P.- Por qué en los años de crecimiento no hemos ahorrado para reducir el déficit exterior?

R.- Hubiera sido lo lógico, pero no cuadra con la “cultura económica” de nuestro país, estimulada, además, por la publicidad de las entidades financieras. Hemos preferido seguir endeudándonos. Sin embargo ahora nos veremos obligados a consumir menos y a comprar menos en el exterior.

P.- ¿No sería mejor subir los impuestos directos y bajar los indirectos para abaratar los precios?

R.- Sí. Es lo más justo. Pero en todo caso no afectaría al déficit exterior.

P.- La ideología dominante de la etapa neoliberal ha desplazado casi totalmente otros discursos más sociales en los mismos partidos políticos de izquierda y en los sindicatos. ¿Crees posible un cambio de mentalidad en este sentido?.

R.- Lo veo difícil. A pesar de que hoy, incluso personajes que han hecho grandes fortunas en estos años, como el famoso especulador Georges Soros, reconocen que a largo plazo esta dinámica nos lleva al desastre. En estos últimos meses se está entonando un “mea culpa” generalizado, pero me temo que dentro de poco se olvidará y volveremos al mismo discurso. Porque son demasiado poderosos los intereses que hay en juego, porque la ideología neoliberal se apoya en una gran hipocresía: los poderes económicos saben que esta dinámica no funciona, que no es bueno para consolidar una economía sana, pero les va bien para aumentar sus beneficios.

P.- ¿Por qué el crecimiento tan alto del paro en España en relación con otros países?

R.- En España se ha creado mucho empleo en los últimos años, pero un empleo precario, temporal, marginal, lo que ha dado lugar al crecimiento de los flujos migratorios. Pero, al no contar con una estructura productiva consistente, al mismo ritmo con que se ha creado, se está ahora destruyendo.

P.- El panorama es oscuro . ¿Desde la ciencia económica hay alguna alternativa viable?

R.- Desde mi punto de vista la alternativa está ya inventada: hacer realidad el Estado social de derecho, el keynesianismo en economía: una economía de mercado pero un mercado vigilado, regulado, intervenido, controlado socialmente por las instituciones del Estado, que distribuya equitativamente los beneficios, corrigiendo las desigualdades que el funcionamiento del mercado provoca, con el establecimiento de impuestos fuertes.

Ese ha sido el sistema que ha predominado en los países más avanzados de Europa y que la marea neoliberal ha eliminado. Para volver a consolidarlo será preciso despertar la inquietud social de los ciudadanos, recuperar las movilizaciones. Esperemos que estos acontecimientos sirvan de revulsivo y provoquen una reacción en este sentido. Particularmente por parte de aquellos que más lo van a sufrir; en las actuales circunstancias son los inmigrantes, que constituye fundamentalmente el proletariado de nuestras sociedades.

P.- ¿De dónde van a salir las enormes cantidades de dinero que los gobiernos han prometido para el rescate de las entidades financieras?

R.- Si – como en el primer plan-Busch – se trata de comprar activos sin valor, será dinero perdido. Sale del erario público, de todos los ciudadanos. Si lo único que se hace es avalar las operaciones de los bancos es distinto. En principio no tiene ningún coste, dependerá del resultado de tales operaciones.

P.- Al día de hoy la Banca sigue ganando, incluso en esta situación . ¿ Para ellos sigue siendo verdad que “cuánto peor, mejor”?.

R.- Sí, pero la situación es inestable también para ellos . Podrían dejar de tener beneficios en cualquier momento, si los Gobiernos no hubieran intervenido. En todo caso ganarán menos, pero ahí seguirán. Las empresas tendrán también menos beneficios.

P.- Creo que para muchos la crisis es una continuación agravada de la precariedad con que han vivido siempre. Para algunos simplemente se trata de reducir un poco sus caprichos. En los mejores momentos las encuestas de Caritas han detectado en torno a 8 millones de pobres en nuestro país. ¿ No se tratará de una “cortina de humo” que se aproveche como chantaje para tomar medidas socialmente difíciles de justificar?

R.- Por desgracia la crisis es verdad. No es un mero “montaje”. Y puede ser grave para nuestro país ya que será larga y problemática. También es verdad que los que más van a sufrir sus consecuencias son las capas más vulnerables de la sociedad