DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS, INTENCIONES Y OBJETIVOS

1. RAZONES PARA CREAR UN FORO DE CURAS DE MADRID

¿Por qué esta convocatoria?:

•  Percibimos en nuestras comunidades eclesiales un malestar originado por: el alejamiento de la jerarquía de las situaciones concretas que vive la gente con la que nosotros estamos, su enfeudamiento ideológico en los sectores de la derecha socio-política, sus procedimientos autoritarios, su escasa disposición para facilitar un diálogo real entre las distintas sensibilidades eclesiales.

•  Nos sentimos corresponsables y por ello preocupados por la tarea evangelizadora y la imagen pública de la Iglesia.

•  Queremos contribuir a que el proyecto de evangelización en las diócesis de Madrid se fundamente en el mensaje del Evangelio y en las grandes líneas del Concilio Vaticano II, respondiendo a la realidad socio-cultural y eclesial de las personas con las que convivimos.

•  Desde este proyecto y esta corresponsabilidad, creemos que hay otras formas de vivir el Evangelio y otros modelos de presencia eclesial en nuestra sociedad, y no sólo las que se nos ofrece desde la jerarquía.

•  Vemos conveniente establecer canales de comunicación entre nosotros para compartir situaciones, análisis de la sociedad y de la Iglesia y orientaciones en relación con la tarea pastoral.

•  Propugnamos una forma vivir la comunión y una corresponsabilidad eclesial que incluye: el legítimo pluralismo, el debate abierto, el derecho a disentir y el diálogo en libertad, superando así toda pretensión de uniformidad.

•  Aspiramos a que los ámbitos existentes de interlocución con obispos y vicarios sean efectivos y en condiciones de igualdad, y a generar otros nuevos para superar la dinámica de silencio y falta de diálogo que predomina actualmente en la Iglesia de Madrid.

•  Consideramos que para consolidar estos proyectos y para hacerlo públicamente, necesitamos encontrarnos y apoyarnos como grupo.

 

2. OBJETIVOS DEL FORO DE CURAS DE MADRID

¿Para qué un Foro de curas de Madrid?:

En consecuencia, sintiéndonos miembros del pueblo de Dios, y participantes de su común tarea evangeliza-dora, desde nuestra responsabilidad específica, pretendemos:

•  Reivindicar y seguir apoyando el derecho y el deber de los laicos a una participación activa y corresponsable en la Iglesia.

•  Promover el trabajo en red y la coordinación con otras plataformas de laicos ya existentes.

•  Ser un espacio de encuentro fraterno entre curas, de apoyo mutuo, de reflexión compartida y compromiso eficaz.

•  Analizar y profundizar con libertad la realidad social y eclesial que estamos viviendo y que constituye el marco de nuestro trabajo pastoral.

•  Hacer una lectura del Evangelio y de la presencia eclesial desde la problemática de la gente con la que convivimos, especialmente desde la solidaridad con los más pobres y excluidos.

•  Conseguir que la diversidad y los espacios de diálogo abierto entre distintas visiones y proyectos se vayan haciendo presentes en la Iglesia.

•  Contrarrestar la tendencia al autoritarismo en las relaciones eclesiales, comenzando por nuestra propia manera de ejercer la autoridad. Y denunciar las estructuras y prácticas del poder eclesial que no se correspondan con las orientaciones evangélicas.

•  Decir “nuestra palabra” públicamente ante situaciones eclesiales y sociales que consideremos importantes.

•  Ejercer, en actuaciones conjuntas, la dimensión de solidaridad y servicio de la Iglesia ante situaciones que lo estén exigiendo.

 

3. MARCO DOCTRINAL

Al constituirnos como Foro de Curas de Madrid, nuestra referencia y norma fundamental es el Evangelio de Jesús, cuya enseñanza y práctica quiere ser inspiración de nuestra vida.

Asimismo, tratamos de ser fieles al espíritu renovador del Vaticano II que, en la Presbyterorum Ordinis (PO), destacó algunos puntos sobre la identidad de nuestro ministerio:

•  “Debemos predicar el Evangelio a todos” (4)

•  “Tenemos una parte en el pueblo de Dios y nos corresponde dar testimonio de Jesús con espíritu de profecía” (2)

•  “Nos compete una tarea muy importante en la renovación de la Iglesia” (1)

•  “Debemos vivir en medio de los demás hombres, sin alejarnos del pueblo de Dios, ni de cualquier hombre” (3)

•  “Debemos asegurar el espíritu comunitario de la familia de Dios en torno a la Eucaristía y, sin ponernos al servicio de una ideología, tratar a todos con eximia humanidad, ayudarlos a vivir en el amor y la libertad y dedicarnos de un modo especial a los pobres y más débiles” (6).

Nuestra experiencia nos lleva a concluir que, siendo muchos en la unidad de un mismo ministerio, nos encontramos aislados y distantes, con poca comunicación y sin apenas programación conjunta para abordar situaciones, problemas y temas que nos atañen a todos. No podemos desentendernos de lo que es común, de lo que podemos hacer todos juntos, de la corresponsabilidad que en cantidad de cuestiones nos compete. Nos proponemos superar nuestro individualismo pastoral, nuestra falta de autocrítica, y promover una estrecha colaboración entre todos para una visión y solución más acertada de las tareas y problemas que a todos nos incumben en beneficio del pueblo de Dios.

Estamos en el siglo XXI y entendemos y comprobamos que, en medio de nosotros, existen formas diversas de entender nuestro ministerio y de proclamar, formular y testimoniar la vida cristiana. Las respetamos, pero en consonancia con su misión, esperamos de nuestros Pastores un trato paritario, que no se decante a favor de las formas más conservadoras y censure y margine otras. En todo caso, estamos dispuestos a procurar la máxima unión y comunión, a hacernos luz y enriquecernos mutuamente mediante el diálogo, sin renunciar a lo que es propio de un legítimo pluralismo y libertad.

No nos favorece nada el escándalo, que dura ya mucho tiempo, de una relación tensa y desconfiada entre cristianos que, bajo diversos pretextos, sirve para proyectar la imagen o bien de una Iglesia rebelde e indisciplinada, o bien de una Iglesia conformista, de pensamiento único excesivamente clerical y autoritaria.

Nuestra Jerarquía está, demasiadas veces, en la boca de nuestra sociedad, para ser criticada, desoída y desprestigiada por planteamientos y procedimientos que no son compartidos por grandes sectores de la Iglesia. Esta actuación unilateral la consideramos inspirada en el miedo y la añoranza de un poder omnipresente que no corresponde a la doctrina del Evangelio ni a válidas y legítimas exigencias de la sociedad actual.